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RETRASO MENTAL VS ESTAR ATRASADO 

Hace unas semanas se acercó a la consulta una madre con su hijo, muy preocupada y con una sensación de desesperanza, frustración e impotencia, ya que después de años de tener problemas con su hijo respecto a su educación, decidieron realizarle una psico evaluación, la cual, para su sorpresa, arrojo como resultado un retraso leve. La sorpresa aquí reside en que, justamente, siendo ella consciente de que tener cierta resistencia al aceptar un diagnóstico (ella sabía que algo no andaba bien con su hijo, eso sí, pero no esperaba un diagnóstico tan categórico) no obstante,  ante esta situación particular,  no estaba convencida, por lo que decidió pedir  una segunda opinión. El origen de sus dudas, provenía del conocer las capacidades reales de su hijo (de ahora en adelante Javier) y también, de las condiciones en las que se hizo ese test; en idiomas japones (el niño aún está aprendiendo), en una sola sesión y un solo test (no un proceso propiamente dicho).  

 

Ya en la consulta, indague dichas condiciones, conocí a Javier, tome algunas pruebas rápidas y juego, entrevistas, etc. y pude descartar en la primera sesión que ese niño tenía un retraso mental, definitivamente no tenía retraso mental alguno (poseía las capacidades y herramientas cognitivas apropiadas y acordes a su edad para poder potencialmente, desarrollar otras habilidades, obtener conocimiento, lenguaje, habilidades sociales, etc.)  no obstante, si creí que el niño  estaba atrasado, se encontraba atrasado respecto a lo que podría hacer a su edad, distinto de ser o poseer un retraso propiamente dicho. Es decir, esto pudo ser confirmado luego de varias sesiones posteriores, la aplicación de un test rápido de inteligencia (RIAS) test proyectivos, hora de juego, etc. y por sobre todo y más importante aún, tomar en cuenta el contexto: niño nacido en latino América, se mudó a Japón a los 2 años (al momento de conocernos tenía 5 años), adquisición de lenguaje materno y el japones aún están en proceso. Este cambio de entorno con todas sus implicancias los estilos de crianza – en este caso, permisivo- la falta de estímulos y sobreprotección, repercutieron en el niño como una notable desventaja en comparación con sus pares ciertamente, algo que se podía advertir en el desempeño escolar, pero definitivamente y no necesariamente se trató de un diagnóstico de retraso mental propiamente dicho según mi opinión.

 

Es decir, la clara distinción entre un niño que no puede (retraso mental) y el que potencialmente podría (por ejemplo, Javier) es muy importante, ya que, a simple vista, ante el juicio inexperto quizá de algún profesor, o un examinador que no tome en cuenta dicho contexto, y solo aplique el test asumiendo iguales condiciones en todos los niños, estos dos niños podrían comportarse y desempeñarse de la misma forma, es decir, “parecer lo mismo”. De nuevo, un niño extranjero tiene riesgo de ser mal diagnosticado en un país donde no se hable su lengua,  no por falta de expertise del examinador necesariamente, sino creo que algunos no están instruidos para las contingencias de tener que examinar una persona extranjera (de la misma forma a la inversa, yo como psicólogo latino no podría examinar un niño japones que sepa hablar un poco de español…al menos no de la manera más apropiada y con toda la rigurosidad que merece), el  problema de un mal diagnóstico es que puede condicionar la vida no solo del niño sino de todo su entorno familiar, sin mencionar que limitamos y obturaríamos las capacidades reales de desarrollo potencial que pudiera realmente tener.

 

He traído este ejemplo, ya que, lamentablemente es frecuente entre las familias extranjeras viviendo en Japón. Por lo que invito siempre a pensar que, cuando nos enfrentamos a un diagnóstico cualquiera sea, como padres nos situemos en el medio entre aceptar un diagnóstico y,  si la condiciones del mismo no fueron del todo rigurosas, pensar siempre en hacer una valoración con algún profesional idóneo a la psicología o la neurología infanto-juvenil que, siempre tome en cuenta el contexto del niño, y no solo de la situación de test en sí, sino de todo lo relacionado a su familia, crianza, idioma, bilingüismo (y este es apartado para otro artículo, pero el bilingüismo muchas veces confunde al niño, por ejemplo,  es normal que tarde  un poco más en hablar, pero no es necesariamente  un trastorno del lenguaje) es decir, la intención aquí es poner luz sobre las dificultades reales que tenemos los extranjeros cuando accedemos al sistema sanitario en un país extranjero, y que podamos prever y actuar acorde y conscientes de que este tipo de complicaciones pueden tomar lugar, algo que quizá en nuestros propios países no, ya que al menos, sabemos que nuestro niños al menos podrían entender el idioma lo suficiente como para poder realizar una evaluación psicológica plenamente, pero aquí eso no siempre está garantizado.

ADICTOS AL CELULAR? 

Si bien la adicción al celular no es una categoría definida a nivel diagnóstico, esta posee las mismas características que la adicción a cualquier otro objeto, sustancias, juego, etc..  a saber, dependencia, falta de control, uso compulsivo, síntomas físicos asociados a estados de ansiedad, irritabilidad y nerviosismo, perdida de interés, etc..

Pero la diferencia entre la adicción,  por ejemplo entre una sustancia y al celular, reside a nivel  de lo social, un cierto grado de naturalización  que le atribuimos a esta conducta compulsiva con el teléfono móvil: ‘ya que todos lo usan y lo hacen, entonces está bien’. En palabas de un paciente adolescente:  “es difícil dejarlo porque cuando quiero dejarlo todos están en la misma y ahí entonces yo vuelvo a tomarlo..” pero ya ahondaremos en esto luego. Lo que es necesario aclarar ahora es que, más allá de las representaciones sociales que recaen sobre el objeto al cual somos adictos (si es droga está mal, si es teléfono, es más aceptado, por ejemplo) es necesario aquí entender algo muy importante, y que respondería al por qué la adicción al celular comparte  las mismas características que cualquier otra adicción,  y la respuesta es porque justamente opera de la misma forma,  es decir, los mecanismos subyacentes e involucrados en los procesos adictivos, no tienen tanto que ver con el objeto en sí (alcohol, drogas, pornografía, teléfono celular..) , sino más bien a las predisposiciones y características individuales de la persona quien  la padece, es lo que precede al sujeto, factores socio ambientales e incluso epigenéticos, no son las características inherentes de la sustancia, objeto, juego, etc. las que causan la adicción (al margen de ciertos matices de cada objeto en particular) sino más bien lo que prevalece  al sujeto, y aquí, cada sujeto es un mundo a develar, por ende, la etiología de alguna adicción es muy personal, y es ahí donde la psicoterapia va a hacer hincapié.

Muchas veces también, la adicción, y aquí ya no me refiero solo al celular, es la expresión, síntoma o una manifestación de otro trastorno, como una comorbilidad asociada a otros problemas de salud mental y no solo como una adicción por sí misma;  hay personas que están con problemas anímicos, ansiosos, trastornos de personalidad, trastornos psicóticos o incluso trastornos del desarrollo en jóvenes o en adolescentes, y eso se puede expresar precisamente usando problemáticamente el teléfono celular. A este respecto, la mayoría de las veces, los pacientes vienen a mi consulta ya medicados, en general con alguna medicación  incluida en el grupo  de los inhibidores selectivos de la recaptación dela serotonina, aunque aquí no vamos a ahondar mucho en este respecto,  si es necesario entender un poco la dinámica de la adicción a nivel neuroquímico, básicamente, como dijimos antes, no hay tanto -a veces nada-  en el objeto al cual somos adictos que cause adicción, la sensación  el placer-recompensa, euforia, alegría, etc.,. en realidad, proviene de nuestro interior, de neurotransmisores que ya poseemos (dopamina, serotonina, GABA, glutamato, acetilcolina, endorfinas…)  las drogas y sustancias, en general habilitan la segregación de estos químicos en nuestro cerebro, que en general es lo que nos hacen “sentir bien”, una sensación de recompensa, que en las adicciones a sustancia se desarrolla una tolerancia al uso y un efecto recompensa. Lo mismo sucede cuando usamos el teléfono; las redes, las notificaciones, lo mensajes, los likes, el placer de ganar una jugada, de pasar de nivel, etc. Estos estímulos, retroalimentan nuestro sistema dopaminico por ejemplo, creando un loop de placer-recompensa casi interminable, del cual los pacientes parece no poder salir, y a su vez, cada vez necesitan más de dichos estímulos…Por ello es que se les receta la medicación, para contrarrestar  a este sistema dopaminico y estabilizarlo, pero, ¿sufrimos de adicción porque de repente un día se nos desregulo nuestro sistema a nivel químico de la noche a la mañana sin aparente razón alguna? Ciertamente no. más bien encontramos su origen a nivel psicológico, y se remonta a cuestiones de la vida del sujeto ya sea su primera infancia, traumas, factores psicogenéticos, trastornos, etc.. que se expresa en el aposteriori como una conducta adictiva en este caso,  por lo que la terapia opera no solo en determinar la causa a través del autoconocimiento por ejemplo, localizando la causa dentro de la trayectoria de la vida particular de cada sujeto, sino que también trabajamos en el presente,  en el día a día, en el síntoma y la dolencia actual,  proponiendo objetivos a corto plazo (por ejemplo, registro de horas de uso y su consiguiente disminución, estrategias para diversificar  actividades, técnicas de restablecimiento de la atención,   ayuno de dopamina..etc.) para así poder  recuperar el control y empoderar a la persona nuevamente. Pero el primer paso en entender que, es posible, y que este aprendizaje solo lo puede proveer la experiencia y la gratificación obtenida al lograr pequeños objetivos, aquí creemos que la pérdida de control es/fue también un comportamiento aprendido y consolidado como un patrón de conducta en el tiempo, que ciertamente puede ser desaprendida y replanteada.

 

Pero ahora, volviendo al uso del teléfono celular en particular y su uso problemático y excesivo, éste puede ser advertido cuando nos sentimos angustiados, ansiosos, nerviosos e inclusos experimentamos ira al suspender su uso, por ej., cuando se está cargando o cuando estamos trabajando y no podemos usarlo, o peor aún, cuando ya afecta nuestros vínculos, trabajo, estudios, actividades, sueño, alimentación. Es justo allí donde tenemos que buscar ayuda de nuestro círculo más cercano o un especialista.

Y ahora, ¿qué sucede con la naturalización y banalización del uso excesivo del celular? he notado en la consulta, que muchos padres realmente no pueden racionalizar  el vínculo causal  entre los hábitos -malos- diarios y la adicción como consecuencia, agravante, o al menos habilitador de una conduta adictiva problemática posterior, o como dichos hábitos podrían entorpecer el tratamiento, ya que sabemos cómo dijimos antes, estos hábitos -por ejemplo, uso colectivo en momentos como almuerzo, mientras se conduce, antes de dormir, etc.. en detrimento del contacto real y humano entre los miembros de la familia- no serían la causa subyacente de una adicción, pero sí que operan en el aposteriori y cooperan en el deterioro. Ahora bien, el problema es que estos hábitos gozan de cierta naturalización y aceptación: ¿alguna vez pensaron en cómo abiertamente hablamos, criticamos y descalificamos el uso excesivo del celular, su uso en la mesa, mientras caminan en la calle, mientras están con amigos, en la cama en la madrugada, cuando se lo dan a los niños para que se entretengan…etc. dichas conductas siendo realizadas por algún otro, esos otros distintos a uno mismo, pero que,  en realidad muchas veces somos nosotros mismos? de una u otra forma, esta dinámica genera un ambiente muy difícil para la recuperación de una persona que desea  cambiar o busca ayuda; recuerdo un joven paciente, consciente de su problema, preocupado por el, me explica en la terapia sobre sus intentos de dejar de usar el teléfono, pero,   cuando quiere dejar de usarlo no puede; “mis amigos no se miran cuando estamos juntos, estamos juntos pero cada uno esta con su teléfono jugando en línea, yo realmente quiero a veces dejar de hacer eso, pero así no puedo…mi mama me trae acá, pero ella en la mesa usa el teléfono, no me parece justo que me exija a mi si ella hace lo mismo, ella dice que ella no tiene que sacarse buenas notas y yo si….”

 

En fin, como dijimos, la adicción al teléfono no es una categoría definida, pero no por ello podemos asumir que, y, por ende, no hay nada malo en ello. Sino más bien entender que, justamente, no debemos pensar en a que somos adictos, sino más bien, porque tenemos esa conduta adictiva, y de donde proviene realmente, quizá así podamos empezar a recuperar nuestro control no solo del uso del teléfono, sino de nuestra vida en general.

Mi hijo tiene realmente TDAH? 

La confusión con el idioma puede generar conductas muy similares a las del TDAH, pero no necesariamente indicar un trastorno neurobiológico. En estos casos, es fundamental tener en cuenta el contexto sociocultural y lingüístico para evitar sobrediagnóstico o diagnóstico erróneo.

¿Qué puede estar pasando?

 Falsa inatención por barrera idiomática

  • Si la niña no entiende del todo el idioma (japonés), es natural que se desconecte en clase, se frustre o parezca “distraída”.

  • Puede no seguir consignas o quedarse “en blanco”, pero eso no implica un déficit atencional genuino.

  • La ansiedad o el estrés por no comprender también pueden parecer hiperactividad o impulsividad (inquietud, irritabilidad, respuestas inapropiadas).

 ¿Cómo diferenciar TDAH de dificultades por idioma?

Criterio

TDAH

Dificultad por idioma

Presencia de síntomas desde antes

Sí, desde jardín o primeros años

No, suele aparecer al llegar al nuevo país

Síntomas en todos los contextos

En casa, escuela y otros lugares

Solo en contextos donde hay barrera idiomática (escuela)

Historia familiar de TDAH

Frecuente

No necesariamente

Nivel de comprensión

El niño entiende pero no logra sostener la atención

El niño no entiende bien el idioma, por eso no presta atención

Mejoría en contextos bilingües o en su lengua materna

No hay gran diferencia

Mejora significativamente si se comunica en español

 

¿Qué hacer en estos casos?

1. Evaluar primero el nivel de comprensión del idioma japonés

  • ¿La niña entiende las consignas?

  • ¿Sabe leer y escribir en japonés?

  • ¿Tiene acceso a educación en su lengua materna?

Muchas escuelas en Japón no están preparadas para el plurilingüismo, y eso puede generar exclusión y sobrecarga emocional.

 

2. Evitar el diagnóstico apresurado de TDAH

  • No se debería diagnosticar TDAH si los síntomas solo aparecen en clase y no hay historia previa de inatención o impulsividad en casa o en otros entornos.

  • Es mejor observar la evolución con apoyo lingüístico antes de etiquetar como trastorno.

 

3. Proveer apoyo lingüístico y emocional

  • Clases de japonés para extranjeros (si están disponibles)

  • Tutoría o acompañamiento en su idioma

  • Actividades grupales que no requieran tanta carga verbal al principio

 

4. Evaluación culturalmente informada

  • Usar tests que estén validados en su idioma o tener en cuenta el impacto del idioma en los resultados.

  • Hacer entrevistas con los padres en español para entender su desarrollo previo.

  • Si se evalúa el CI, elegir pruebas menos dependientes del lenguaje verbal (ej.: subtests no verbales del WISC, RIAS, TONI-4).

Conclusión

Una niña inmigrante con dificultades de atención puede parecer que tiene TDAH, pero muchas veces está respondiendo a:

  • Un entorno lingüísticamente inaccesible

  • Ansiedad de adaptación

  • Desfase entre su nivel de desarrollo y las demandas escolares

 Primero se debe asegurar que el problema no sea idiomático, emocional o cultural, antes de considerar un diagnóstico de TDAH.

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